16 may. 2014

Un segundo de distracción





Iba un joven caminando por la calle, distraído como siempre respondiendo mensajes desde su celular. Sin darse cuenta estaba a punto de cruzar la calle, cuando sintió algo sobre sus piernas. No dudó en iniciar una pelea con cualquier extraño que lo hubiese tocado, pero entonces un auto a toda velocidad, le alborotó todos los cabellos y después de tremendo susto, escuchó la voz de un anciano diciendo:
—¡Cuidado chamaco!, casi te atropellan por andar distraído con tu aparato —una vez terminada su frase, el viejecito quitó el bastón de las piernas del chico y se perdió entre la multitud. El joven siguió entonces su camino.
Un par de calles adelante, un grupo de personas impedían el paso, entre el cuchicheo de estos, escuchó que habían atropellado a un ancianito y se acercó para ver mejor, era el mismo viejecito que le había salvado la vida. Su cara se llenó de tal tristeza y desconcierto, que uno de los policías le dio el paso para pedirle algunos datos:
—¿Lo conoces? —dijo el guardián de la ley en cumplimiento de su deber.
—Sí señor —respondió el joven con completa pena y desconsuelo—acaba de salvarme la vida hace unos minutos al impedirme cruzar la calle—agregó con la cabeza agachada.
—¿Estás seguro? —dijo el policía con mueca de desconfianza —este viejito lleva aquí horas muerto

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